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domingo, 21 de mayo de 2017

"Eileen", el robo más surrealista de la historia


En la historia de los robos de piezas de arte, quizás el caso más surrealista sea el de “Eileen”.

El marchante de arte Scott Wilson creó en 1993 el Museo del Arte Malo, cuyas siglas en inglés MOBA (Museum Of Bad Art) juegan al equívoco con las del famoso MOMA (Museum Of Modern Art).

Se trata de un proyecto para recuperar del ostracismo a las obras que por su baja, o nula, calidad jamás iban a exponerse en un museo.


Y una de esas obras, “Eileen” by R. Angelo, encontrada en la basura (con un tajo en la tela) por Wilson y expuesta en el museo sin restaurar, fue sustraída en 1996. Los estupefactos responsables del museo ofrecieron una recompensa de 6,50 dólares a los ladrones para recuperar la obra. La cifra subió a los 36,73 dólares gracias a las aportaciones de los visitantes.


Pero la oferta no fue aceptada.

Casi diez años más tarde, los ladrones pidieron 5.000,00 dólares de rescate. No hay constancia de que se produjera un ataque risa en el museo, pero en cualquier caso no se aceptaron las condiciones de los delincuentes. Finalmente la obra fue devuelta (con el tajo en el lienzo) sin que se pagara ningún rescate por ella.




En cualquier caso, el robo de “Eileen” provocó que se colocara en el Museo una cámara de seguridad, aunque falsa, tal como avisaban en un cartel.

domingo, 12 de febrero de 2012

La obra más robada de la historia

«La adoración del cordero místico» tiene el record de ser la obra más robada de la historia, trece veces,  pero es que además, este  retablo de 1432 fue censurado, quemado, falsificado y codiciado por Napoleón  y Hitler, entre otros.

Todo un cúmulo de desgracias que han forjado una leyenda alrededor de esta magistral obra del pintor flamenco Jan van Eyck, como recoge en un libro Noah Charney.
Autor del best seller «El ladrón de arte» y uno de los mayores conocedores del mundo artístico tanto desde su faceta de escritor como desde la de asesor en los mejores museos del mundo o cuerpos de policía como el FBI o Scotland Yard, Charney explica en su libro «Los ladrones del cordero místico» (Editorial Ariel) como el cuadro de Van Eyck fue censurado por las autoridades, vendido en el mercado negro,  falsificado, sufrió quemaduras y amputaciones,  perseguido por Napoleón y por Hitler y fue tres veces botín de guerra.

La Adoración del Cordero Místico consta de 24 paneles pintados al óleo comenzado por los hermanos Hubert y concluido en 1432 por Jan van Eyck. Iba destinado al altar mayor de la Catedral de San Bavón de Gante. En los paneles superiores se muestra a Dios flanqueado por La Virgen María y San Juan junto a un coro de ángeles. En los extremos se representa a Adán y Eva. En las tablas inferiores se representa la Adoración del Cordero.
Con los póstigos cerrados podemos a las sibilas de Eritrea y Cumas y a los profetas Zacarías y Miqueas. La Virgen María y el arcángel Gabriel estan a los lados de una ventana y un nicho. En la parte inferior se representan a Joos Vijdt (rico comerciante de la época) y a su mujer, a los lados de San Juan Bautista y de San Juan Evangelista.
El valor artístico de la obra radica, según los expertos, en la originalidad de la representación de la escena y en el uso de la perspectiva, y en que es la obra de mayor tamaño de la escuela flamenca.

El cuadro tuvo una vida tranquila durante su primer siglo de vida hasta tuvo que ser descolgado del altar para ocultarlo de los calvinistas que pretendían quemarlo en público para dar ejemplo. A partir de ese momento comienzan las desdichas de la obra, que fue repetidamente robada. Napoleón se enamoró del retablo  y lo amputó para llevarse las cuatro tablas centrales a París. Tres siglos tardó en volver a estar completa la obra ya que las alas se habían robado y vendido a diversos coleccionistas. Pero no acabó ahí la historia. El retablo se escondió en una mina de sal (lo que dañó la pintura) para evitar que  Hitler se adueñara de ella.

Algunos expertos que han estudiado la obra afirman que uno de los muchos paneles que se robaron no fue recuperado y fue sustituido por una copia. Sea como sea, esperemos que el retablo descanse por fin en paz.
El retablo abierto

El retablo cerrado

sábado, 7 de enero de 2012

El increíble auténtico negocio del robo de la Gioconda

París, 22 de agosto de 1911. Los guardas del Museo del Louvre descubren horrorizados que la Gioconda de Da Vinci ha sido robada. La policía francesa realizó una infructuosa investigación durante años. Llegaron incluso a detener al poeta Guillaume Apollinaire y al joven pintor español, Pablo Picasso, que acabaron confesando el robo de tres estatuillas del Museo en 1907 pero negaron su implicación en el robo de la Mona Lisa. 

En diciembre de 1913 se recuperó el cuadro y se detuvo al ladrón, Vicenzo Perugia, un carpintero italiano que realizaba unas reformas en el Louvre, y que siempre tuvo la obra en su poder.

Perugia explicó que a principios de agosto de 1911 el estafador argentino Eduado de Valfierno contactó con él para ofrecerle un gran negocio: Robar la Gioconda a cambio de una suculenta cantidad de dinero. Además le prometió que la obra de Da Vinci volvería a Italia, donde debería estar. El domingo 20 de agosto Perugia se ocultó en un pequeño almacén de mantenimiento. A las 8 de la mañana del día siguiente descolgó el cuadro y oculto bajo una gabardina lo sacó del Museo. 

Perugia esperó durante dos años la llamada de Valfierno pero ésta nunca se produjo. Finalmente ofreció el cuadro a un anticuario florentino, Alfredo Geri, que tras verificar que era auténtico, avisó a la Policía. Perugia fue detenido y la Gioconda expuesta en la Galleria degli Uffizi hasta que se trasladó de nuevo al Louvre el 4 de enero de 1914.

Pero, ¿qué ocurrió con Valfierno? ¿Para qué encargó el robo y luego no recogió el cuadro? 

Previamente a concretar el robo con Perugia, el argentino había encargado a un excepcional falsificador francés, Yves Chaudon, que pintara seis copias exactas del cuadro, usando pigmentos, procedimientos y tablas de roble como soporte. El engaño era perfecto: una vez que se conociera el robo, seis coleccionistas millonarios norteamericanos pagarían por las seis réplicas creyendo que compraban el original. Y así ocurrió. Se estima que la estafa le reportó unos 60 millones de dólares de la época.

En 1931, De Valfierno, en su lecho de muerte le confesó a un periodista estadounidense la verdad sobre el robo y las falsificaciones. Desde entonces hay quien duda de que el cuadro que podemos contemplar en el Louvre sea el original porque bien podría ser una de las seis copias exactas.


Reconstrucción del robo de La Gioconda